2009|11 JULIA VALDES BORRERO – TRAVESIAS

LUCES

Caridad Blanco de la Cruz

Al amparo de sugestivas atmosferas y distintivas modulaciones tonales, la pintura de JULIA VALDES se ha convertido en un universo pleno de insinuaciones. La sugerente naturaleza de su obra emerge de la confrontacion entre nuevos gestos, materialidad ascendente y tension dramatica, elementos que han definido la paulatina transfiguracion de su discurso abstracto. El dibujo profuso que por mucho tiempo caracterizo su proceder, unas veces convertido en hilo conductor de la escena y otras cual itendidad caligrafica con rango semejante al resto de las acciones pictoricas, ha cedido paso a otro modo de componer el corpus de la representacion. En el, hoy resulta habitual la expresion que el propio soporte encarna ( intervenido/reconfigurado ), junto a materias diversas responsables de los relieves que ganaron las superficies, tomando el lugar que antes llenaa el artificio de las disolvencias. Mas de un lustro despues de que los signos matericos comenzaran a tener mayor relevancia en sus obras, las vibraciones emotivas de sus ejercicios pasaron a ser hechos tangibles, una presencia ascendente a partir de 2006, y que terminaria de imponerse con particular enfasis en las series EROSIONES ( 2007 ) y TRAVESIAS ( 2008 ), asi como en el resto de su produccion plastica hasta el presente.
Con anterioridad, la pintura de JULIA VALDES bosquejaba ambientes, y en muchos de estos podian intuirse una ciudad y los cuerpos de la gente que la habitaba. Esas trazas perdieron visibilidad al ganar protagonismo los ambitos diurnos de sobria evanescencia, modo personal de reverenciar, desde el experimento abstracto, la tradicion del paisaje de su natal Santiago de Cuba. Cadencia, suavidad y calma fueron atributos que acompanaron la delicadeza comun a su pintura, condicion femenina tal vez sutil pero que se percibia ademas en el modo de disponer transparencias, elegir y manrjar los requerimientos cromaticos y de bordar presencias con el dibujo en las telas, asi como en el habitual descentramiento con que dispersaba fuerzas, ofreciendo vital serenidad y calida energia.
Ilustrar el camino recorrido por JULIA VALDES llevaria a sopesar su inicial oscilacion entre lo figurativo y lo abstracto, las funciones del dibujo a lo largo de su desempeno artistico; de un rol casi esencial hacia un desempeno subordinado en su insinuacion tras las manchas, en sus derredores o en su timida aparicion en el interior de las veladuras, en tanto su paleta cambiaba el rumbo de sus preferencias cromaticas o se iba en pos de asuntos que fueron sus motivaciones. Esta ruta – que en algun momento debera ser reconstruida – entraria a dirimir el ritmo ascendente de su discurso, precisando las etapas que conforman el conjunto de su obra, accion que escapa a esta cronica cuyo destino resulta una posible lectura de su producion mas reciente.
La serie EROSIONES vino a ser, en la obra de JULIA VALDES, un retorno a la emocion pictorica; emocion – sin embargo – de sentido contrario a aquella festividad extrovertida que vimos despuntar en EL REVERSO DEL PAISAJE, al quebrarse la habitual placidez de su desempeno. Estas nuevas inflexiones remitian a territorios marcados, a huellas que el tiempo deja impresas en el espiritu humano en el proceso de aprehension del mundo. Las vistas de su emotividad pasaron a encarnarse sobre las telas, primero en la amplitud de aquellos tajos en que parecia abrirse su pintura, y luego, en incrustaciones, costuras, amarres y anudamientos, uniendo a su gestualidad la de chorreados notables y la enigmatica teatralidad de tonos que hacian sentir el alcance de la inusitada gravedad en su paleta.
Julia paso a documentar una suerte de introspeccion, a descubrir datos de un viaje que lleva a la superficie esa tension que la existencia descarga en el gozo de vivir y sus jolgorios, y, sobre todo, en el enfrentamiento de sus avatares y situaciones limites. En ese proceso de transferencia de su subjetividad hibrido la ascendencia lirica con la intencion materica, sin prescindir de las libertades del informalismo, que ha sido y es su credo, y en esa actidud suya, cada vez mas proclive a una heterogenea materialidad, puede distinguirse la empatia con el catalan ATONIO TAPIES, el italiano ALBERTO BURRI, y tambien con la manera de espacializar la tela ( mediante agujeros y cortes ) del italo-argentino LUCIO FONTANA.
Para el modelado de su serie EROSIONES filtro de todo lo anterior lo que intuyo precisaba en esa comunicacion casi – misica con el vacio o la materia – , pero sin otra atadura que no fuera la de sus vivencias, afectos y emotividad. JOSE HIERRO, al referirse a un tipo especifico de practica abstracta, insistia en el hecho de que – un procedimiento, aplicado a un concepto de las formas, puede aproximarnos al mundo interior, al espiritu en que tal arte se origina (…). La obra realizada es la que nos aproxima sutilmente, por via irracional, al mundo del artista, del hombre inmerso en una circunstancia concreta – , y son esos justamente los rastros que se nos descubren en las composiciones de JULIA VALDES.
En relacion con lo anterior puede afirmarse que las series mencionadas ( EROSIONES Y TRAVESIAS ), en su totalidad, alcanzaron a subvertir la delicada quietud que antes definiera el discurso abstracto de la artista y diera paso a la vivezade sus intimas resonancias. Cuando EROSIONES termino por definirse en su ir y venir pausado de apariciones y ocultamientos, se hizo evidente el giro que contravenia, definitivamente, una orientacion discursiva que la artista habia estado edificando en el lapso de mas de does decadas.
Los limites removidos tenian a su favor argumentos que PEDRO DE ORAA tempranamente habia descubierto: – JULIA pinta lo que presiente y sobre todo lo que recuerda: el suyo es un relato de la intuicion y la memoria. – A esa afirmacion de quien mejor ha sabido aprehender su pintura, pordia agregarse que la abstraccion propuesta por JULIA VALDES se ha tornado esa resurreccion pictorica plena que ella misma se adeudaba, como resolucion liberadora del impacto de los conflictos vitales.
Aquella fiesta de la serie INTERIORES DE LA HABANA VIEJA ( 2003 ) constituia su homenaje a la vida, al acto del existir, celebracion que nunca antes tuvo tanta exaltacion en su pintura. La metafora se erguia como el alma de la ciudad en su mas animosa esencia: el vigor y la algarabia de sus festejos populares. Luego de una efectista eleccion cromatica, la atmosfera fue reforzada con el estallido de colores que trasmitia la fuerza de una singular parranda. Pequenos triangulos estampados creaban la ilusion de ser exvotos, y en realidad eran diminutas banderas colgando de una soga de henequen. La burda fibra contrastaba con las gestuales crispaduras que resultaron de fruncir el lienzo mismo, incorporando, por medio de elevaciones y oquedades, movimiento a ese escenario que bien podia ser patio central, plaza o avenida. Estos recursos orograficos que alentaban manipulaciones, escarceos, roces, como traducciones posibles de sus impulsos, estallidos y tensiones, se apoderaron de las superficies despues de 2007.
Las diferentes acciones que suceden sobre ellas indican otras vertientes que lo femenino tambien ha estructurado. Espacios (re)compuestos como si se atendiera una entidad a la que es preciso salvar mediante ese ritual en que el soporte toma parte. En tal practica esta implicito el instinto maternal. Cada arreglo/restauracion es probable que tenga como referente el cuidado y la asistencia que se brinda a los enfermos cuyo cuerpo fisico y espiritual esta danado. Esa es la piel lastimada de la que hablan los rosas, la sangre y las heridas en los extremos purpura y escarlata del rojo; el reporte de batallas que la propia artista ha tenido que librar.
Por eso, JULIA paso a intervenir simbolicamente porciones danadas de la existencia.Traia consigo la mano sanadora. Con manas de costurera se encargo de implantar, zurcir, unir, tejidos, pieles y cortezas cual humanidades. Lo que tuvo inicio con la adhesion sobre los lienzos del tejido de algodon usado en las vegas de tabaco – recreando una perspectiva aerea y el entramado urbano – hallo continuidad en otros textiles, incluido el yute, y en los objectos cotidianos reciclados. Luego, esa totalidad materica se rehacia como un mosaico, resultando marca y amalgama la costura, pero tambien dibujo. Un dibujo que tuvo, en el claro oscuro complice de los difuminados, apoyo preciso para esa tridimensionalidad, como ocurre en TRAVESIAS, con el concurso adicional de empastes e impresiones.
Esta es la misma mujer que dejo al desnudo cavidades, resalto las crispaduras del tejido cual espasmos existenciales, sin que aun terminara de expresarse esa marca de genero que bien ilustran los hilos en sus uniones o desperdigamientos, la composicion de las texturas y las corporeas acumulaciones, en tanto los cordeles acerados fueron pretextos para agarres y limites, estrenando junto a otras manualidades una nocion diferente para su dibujo.
En la obra actual de JULIA no resultaria dificil descubrir horizontes y despenaderos, asi como tampoco alcanzar a ver lo que trazan hilos, pliegues y fruncidos. Puede que cicatrices ( tambien queloides ) o carnosidades que impresionan como sexos de mujer en medio de los collages y espatulados. La artista ha construido un sentido metaforico que equipara la devastacion en el entorno con lo que acaece al espiritu humano, en el modelado del yo mas intimo, recondito. La exploracion que la ha motivado convirtio en documento las acciones y, en esa subversiva intencionalidad, revela lo que MICHAEL TAPIE huberia denominado el – drama pictorico – lo mismo la alegria y los impulsos que la soledad. El relato descubre la revision de su historia personal, y ese ajuste incluye, tras la liberacion irracional y sensitiva de lo abstracto, lo delicado y lo tremendo en el desnudo de ese paisaje que el acto de vivir consiguio imprimirle, al ser, una y otra vez, calada por el tiempo.
Otro paisaje es ahora la abstraccion de JULIA VALDES. Emotiva, visceral. Nadie niega esa urbe fantasmal de sus iluminaciones, pero lo que la artista ha venido urdiendo tiene en realidad una atmosfericidad no naturalista. Lo que alli quedan como sus luces son sus impresiones de vida. De la mirada depende si veremos, en esos parajes, los sitios de la memoria, del cuerpo o la ciudad. Fantasmales pinaculos o avenidas; torsos rotos o figuras abiertas; la noche encendiendose o esa explosion de agua en PARADISO ( 2011 ), cuando el mar golpea las rocas de nuestros propios limites.

LIGHTS

Caridad Blanco de la Cruz

Sheltered by suggestive atmospheres and distinctive tonal modulations, the painting by JULIA VALDES has become a universe full of insinuations. the suggestive nature of her work emerges from the clashing between new gestures, growing material nature and dramatic tension, elements that have defined the gradual transfiguration of her abstract discourse. The profuse drawing which for a long time characterized her acting, some times turned into the string conducting the scene, and others as calligraphic identity with similar rank to the rest of the pictorial actions, has given way to another form of composing the corpus of the representation.Today it is normal to find in it the expression incarnated by the support itself ( intervened/reconfigred ), together with diverse materials that create the relief gained by the surface, taking the place formerly filled with the artifice of the dissolving. More than five years after the signs of assemblage began to gain relevance in her works, the emotional vibrations of her attempts became tangible facts, a growing presence since 2006 which was to end by imposing itself with particular emphasis in the series EROSIONS ( 2007 ) and JOURNEYS ( 2008 ), as well as in the rest of her painting up to the present.
Previously, JULIA VALDES´ painting sketched environments, and in many of them a city and the bodies of the people that inhabited it could be guessed. Those traces lost visibility when the daytime atmospheres of sober evanescene gained a leading role, her personal way of praising, through the abstract experimentation, the landscape tradition of her native Santiago de Cuba. Cadency, softness and calmness were attributes that accompanied the usual delicacy in her painting; perhaps a subtile feminine condition, but which was also perceived in the way in which transparencies were arranged, chromatic requirements were chosen and handled, and presences were embroidered by drawing on the canvases, as well as in the usual decentralization with which she scattered forces, offering vital sereneness and warm energy.
In JULIA VALDES´ body of work, the series EROSIONS resulted in a return to the emotion of painting, an emotion, however, contrary to that extroverted festivity whose rise we saw in THE REVERSE OF THE LANDSCAPE when the usual placid nature of her work was broken. these new inflections referred us to marked territories, to traces left by time in the human spirit in the process of apprehending the world. The sights resulting from her emotions incarnated on the canvases, initially in the amplitude of those cuts in which her painting seemed to open up, and then in inlaid work, seams, ties and knots, adding to her body language that of remarkable drippings and the enigmatic stage sense of shades that transmitted the scope of her palette´s unwonted earnestness.
JULIA began to document a kind of introspection, to discover details of a course that brings up to the surface that tension which life unloads upon the joy of living and its pleasures, and particularly upon the facing up of its ups and downs and extreme situations. In that process of transferring her subjectivity, she mixed the lyrical heritage with the assemblage intention, without renouncing to the liberties of informalism, which has been and still is her creed. In that attitude of hers, ever more tending to a heterogeneous assemblage, it is possible to discover the empathy with Catalonian artist ANTONI TAPIES, with Italian ALBERTO BURRI, and also with the way in which the canvas is divided into spaces by means of holes and cuttings, in the fashion of Italian-Argentinean artist LUCIO FONTANA.
That feast from the series INTERIORS OF OLD HAVANA ( 2003 ) was her tribute to life, to the act of existing, a celebration that was never before so very much highlighted in her painting. the metaphor emerged as the soul of the city in its most animated essence: the vigor and noise of its popular feasts. Following a highly effective chromatic selection, the atmosphere was reinforced by the outburst of colours, transmitting the energy of a unique binge. Small printed triangles created the illusion of being votive offerings; in truth they were minute flags hanging from a henequen rope. The coarse fiber contrasted with the contracting of the gestures that resulted from wrinkling the canvas itself, granting movement by means of heights and cavities to that scene that could well be a central courtyard, a square or an avenue. These orographical resources that encouraged manipulations, prances and rubbings as possible forms of her impulses, outbreaks and tensions took hold of the surfaces after 2007.
The different actions that take place on the canvas indicate other sources structured by the feminine element. Spaces (re)composed as if paying heed to an entity that is to be rescued in that ritual in which the support takes part. The maternal instinct is implied in that practice. Each repair/restoring probably refers to the care and assistance given to the sick whose physical and spiritual bodies are damaged. It is that hurt skin that the roses, the blood and the wounds in the purple and scarlet ends of the red tell about; the report on battles that the artist herself has had to wage.

Textquelle: ARTECUBANO – Revista de Artes Visuales 2/2011

www.juliavaldes.com
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